¿QUÉ NOS

PASA...?


Desde muchísimas Instituciones de bien público, y también desde el Estado, se vuelca gran esfuerzo para asistir a la niñez en riesgo y se destinan altísimos presupuestos, pero es claro que todo esto no alcanza. Muchas causas concurrentes conspiran contra la equidad social e impiden que todos los niños argentinos gocen de sus derechos.

Nuestra institución, aún con sus escasos recursos humanos y económicos tratará de apuntalar a la familia.

En la Fundación Coas no nos caracterizamos por el espíritu conformista, sino todo lo contrario: siempre vamos por más. Pero somos concientes de nuestras limitaciones y nos decimos que sin tan sólo logramos reinsertar al ámbito laboral-educativo a un puñadito de familias, para que puedan desarrollar su vida libremente, con trabajo genuino sin necesidad de “programas”, “planes”, “subsidios”, nuestra tarea habrá sido fructífera.

Entonces, basta de desayunadores masivos: trabajemos por el regreso de cada niño a su hogar. Hoy revalorizamos el ámbito hogareño como el más adecuado para que el niño reciba su alimentación, ya que es allí donde él desarrolla su personalidad acompañado de sus padres.

La transmisión cultural, afectiva y vinculante que surge de la “mesa familiar” es insustituible. Un sencillo plato de comida elaborado por mamá nutre al niño no sólo física, sino también afectivamente y el laboreo doméstico lo introduce en una valoración positiva del trabajo, elemento crucial en todo proyecto de recomposición del tejido social.

Abarcamos también la problemática de los adultos mayores solos y desvalidos, y para ellos desde hace ya dos décadas, repetimos la experiencia exitosa de los pequeños hogares. Durante años funcionaron tres: San Joaquín y Santa Ana, y hogar Virginia Loza de Ceballos, en la localidad de Río Ceballos, y Residencia Eduardo Pereyra y Sra. En barrio Cofico de la ciudad de Córdoba.

En la actualidad sólo los dos últimos nos pertenecen, ya que la propiedad donde funcionaba San Joaquín y Santa Ana, en mayo de 2007, la donamos al Arzobispado de Córdoba, para que desarrolle allí tareas de contención juvenil.

En mayo de 2007 dimos otro paso hacia adelante al reformar nuestro marco jurídico ya que el Estatuto con que nos regíamos databa de 1964 y necesitábamos herramientas más ágiles y flexibles que nos permitieran dar respuesta a los requerimientos de la acción social en la actualidad.

En el nuevo Estatuto incorporamos como objetivos, además de la ayuda a la niñez y la ancianidad, el cuidado del medio ambiente, derechos humanos y equidad social, poniéndole a ésta un especial acento, porque lo abarca todo y su logro significa el fin de la marginación, en todas sus expresiones, causa injusta de dolor para quienes la padecen. Esa equidad sintetiza nuestro único e irrenunciable compromiso.