Al igual que en nuestra patria,
en la Fundación COAS hoy vivimos momentos difíciles
y necesitamos contar con el apoyo de nuestros amigos.
Esta vez te pedimos que nos acompañes con una oración por
nuestra amada Argentina
y por nuestra querida Fundación Coas.
Por favor sumate y enviá este mensaje a tus contactos.
RECEMOS JUNTOS
Gracias!!!
fundacioncoas@gmail.com
fundacioncoas2009@hotmail.com
http://fundacioncoas.blogspot.com
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En la década de los cincuenta, y en pleno auge de los hogares masivos, llegamos al campo del trabajo social ensayando una propuesta innovadora: pequeños hogares para los niños huérfanos y abandonados.
Las distintas casas denominadas “Mi Hogar” estaban conformadas por un número limitado de niños, nunca más de doce, a cargo de una voluntaria, la “tía” del hogar, que desempeñaba el rol materno en un estrecho ámbito familiar, de fuerte contenido afectivo y atención personalizada.
Los pequeños hogares se expandieron, y llegamos con ellos a Frías, provincia de Santiago del Estero y también a Buenos Aires.
Posteriormente, los profundos cambios sociales operados en los años setenta, impactaron de manera negativa en el surgimiento de nuevas “tías” voluntarias.
Es así que al promediar los noventa, y cuando los niños alcanzaron su mayoría de edad cerramos el último “Mi Hogar”. Como la problemática de la niñez desamparada y en situación de riesgo y abandono sigue siendo nuestra inquietud, buscamos desde entonces distintas formas de contenerla.
Así fue que implementamos las becas (ayuda económica) a las familias carenciadas con muchos hijos, y también funcionó en nuestra sede central un desayunador para niños de la calle.
Pero evaluando con sentido crítico nuestro trabajo advertimos con desaliento que los pequeños paliativos dirigidos a los menores y que nos demandaban tanto esfuerzo, se diluían ante la proliferación creciente de niños deambulando solos, desorientados. Sin contención familiar, sin escuela, la infancia desvalida y pacífica se transformó en muchos casos en protagonista del delito con altos contenidos de violencia.
Las distintas casas denominadas “Mi Hogar” estaban conformadas por un número limitado de niños, nunca más de doce, a cargo de una voluntaria, la “tía” del hogar, que desempeñaba el rol materno en un estrecho ámbito familiar, de fuerte contenido afectivo y atención personalizada.
Los pequeños hogares se expandieron, y llegamos con ellos a Frías, provincia de Santiago del Estero y también a Buenos Aires.
Posteriormente, los profundos cambios sociales operados en los años setenta, impactaron de manera negativa en el surgimiento de nuevas “tías” voluntarias.
Es así que al promediar los noventa, y cuando los niños alcanzaron su mayoría de edad cerramos el último “Mi Hogar”. Como la problemática de la niñez desamparada y en situación de riesgo y abandono sigue siendo nuestra inquietud, buscamos desde entonces distintas formas de contenerla.
Así fue que implementamos las becas (ayuda económica) a las familias carenciadas con muchos hijos, y también funcionó en nuestra sede central un desayunador para niños de la calle.
Pero evaluando con sentido crítico nuestro trabajo advertimos con desaliento que los pequeños paliativos dirigidos a los menores y que nos demandaban tanto esfuerzo, se diluían ante la proliferación creciente de niños deambulando solos, desorientados. Sin contención familiar, sin escuela, la infancia desvalida y pacífica se transformó en muchos casos en protagonista del delito con altos contenidos de violencia.